Cuando una mujer se queda embarazada su agenda se llena de citas médicas: matrona, ginecólogo, análisis, ecografías, curva de glucosa, revisiones, preparación al parto, suelo pélvico, etc. Cuando nace el bebé tras el caos inicial de burocracia: registro civil, seguridad social, tesorería, hacienda, baja en la empresa… los tiempos de los nuevos papis, normalmente de la mamá, se llenan de visitas médicas pero esta vez para el bebé: prueba del talón, revisión de los 15 días, revisión del mes, de los dos meses, vacunas, revisión de los tres meses… y un largo etcétera. Casi siempre entre medias hay una revisión postparto, la de la “cuarentena” en la que con un poco de suerte te dicen si quieres tomar pastillas o ponerte un DIU, y a veces ni te miran. Poco más. Si la mamá está teniendo dificultades con la lactancia, en general lo que se encuentra es con médicos, matronas, enfermeros que le alientan a dar biberones en lugar de ver cuál es el verdadero problema y ponerle remedio. Y...