El sillón gris, el sillón del hospital
(Esta entrada es un poco más personal. Espero que os guste.) Hace unas semanas tuvimos que pasar por el hospital. Mi hija pequeña tuvo que ser ingresada. Pensábamos que serían un par de horas en urgencias, quizá una inyección y listo. Pero fueron 4 días y sus tres noches, claro. ¡Qué largas son las noches en los hospitales! ¿Verdad? Pude pensar mucho. Una vez que la niña estaba estabilizada, y dormía casi plácidamente en esa cama de hospital, mi cabeza tuvo tiempo de pensar, mucho, ya lo creo. No se me da bien dormir en un hospital, así que ni lo intenté. Lo primero que vino a la cabeza fueron las noches de hospital posteriores a mi primer parto. Las del ingreso por parto también, pero esas eran esperadas, las daba por lógicas, al menos entonces. (Ahora habría intentado a toda costa un parto en casa…) las daba por buenas. NO. Esas noches había ilusión y realismo y dureza a partes iguales. Me acordé más bien de las otras noches, las noches del re-ingreso cuando ...